Tema: [LSD] El viaje de la vida

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  1. #1
    Usuario Nuevo Avatar de silver_sorgo
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    Santa Fe, Argentina
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    1

    [LSD] El viaje de la vida

    Hola, soy nuevo en esta red y me pareció copado presentarme con el trip report del mejor viaje lisérgico que tuve en mi vida (bueno, tampoco es que haya tenido muchos, jaja, sólo 3), que sucedió hace un año junto con tres muy buenos amigos. La noche anterior había habido una fiesta psy en una especie de quinta bastante grande en Rincón (en las afueras de Santa Fe, un lugar muy lindo a la vera del río), pero nosotros no habíamos podido asistir, así que fuimos al “after”, que iba a durar hasta la tarde del día siguiente.

    Llegamos y recorrimos un poco el lugar. El ambiente era realmente maravilloso, muchas carpas, gente charlando y riendo, algunos otros amigos, música de los 60, todo muy ameno. Ahí mismo fue cuando colamos, yo colé medio cartón. Al toque llegaron unos tipos con cuencos tibetanos, yo nunca había vivido la experiencia y me resultó hermosa, además de que sirvió para relajarme mientras esperaba que el cartón me pegara. Luego de la sesión nos quedamos charlando un rato. Ya comenzábamos a sentirnos algo raros, y yo particularmente me reía muchísimo de cualquier cosa. En un momento, decidimos ir a un kiosco que estaba a un par de cuadras a comprar comida y bebida. En ese instante me di cuenta de que ya estaba completamente encartonado. Recuerdo haber mirado hacia el final de la calle y haberlo sentido como una imagen alegórica: estaba iniciando el viaje. Además, justo estaba atardeciendo, y todo me resultaba bastante poético.

    Fuimos al kiosco (en el cual nos costó muchísimo contar la plata y efectuar la compra ) y volvimos a la quinta. Nos dirigimos al fondo y nos sentamos a observar todo. Ese momento ya fue decididamente mágico. Me parecía que los arbustos se hacían enormes, y me sentía casi en una selva. A su vez, luego se enmarañaban y los veía como una gran telaraña. Luego dirigí mi vista hacia el final de la quinta y noté que al lado había una típica casa de familia, con el asador, el auto y el perro, lo que desencadenó una serie de ideas que no recuerdo demasiado. Pero sí recuerdo que la idea principal era, básicamente, que me encontraba en un oasis, en una galaxia distinta llena de magia, psicodelia y amor, y que esa casa representaba todo lo que había quedado afuera, que era el mundo normal, lo cotidiano. También disfruté muchísimo de observar las estrellas, que bailaban y cambiaban de colores. Y por si esto fuera poco, en algún momento se me ocurrió poner música, y el aleatorio del celular justo eligió “El diluvio y la pasajera” de Invisible. La atmósfera que generó la maravillosa música del Flaco era indescriptible, y nadie dijo una palabra por un buen tiempo.

    Después de todo esto, nos dirigimos de nuevo hacia la puerta, ya que una de nuestras amigas se tenía que ir. Nos quedamos un rato sentados en la puerta, charlando de cosas que no recuerdo, hasta que en un momento alguien propuso ir al Parque de los Dinosaurios (una especie de reserva/camping del lugar, que es conocida principalmente por tener una sección con treinta dinosaurios de tamaño real), que quedaba relativamente cerca, y allí fuimos. Sinceramente, creo que fue el mejor momento de mi corta vida. Empezamos a caminar y yo no tenía la más mínima idea de cómo llegar. Además, la oscuridad hacía que no se viera mucho más allá, así que era como adentrarme en lo desconocido. Cruzamos un arroyo y luego bajamos y subimos una pequeña lomada. Al principio lo sentía bastante simple, pero pronto el suelo se me fue haciendo cada vez más esponjoso, hasta que en un momento me sentí flotando en un mar de pompones. En un momento doblamos y apareció una capilla abandonada que me sorprendió por completo. A su lado había una choza bastante campestre, y yo me sentí en una novela de García Márquez, y así lo pronuncié: “siento que estoy entrando en el corazón de América Latina”, causando una gran risa en todos mis amigos. El ambiente era cada vez más mágico, el pasto, las estrellas, se fueron agregando sonidos de sapos y hasta en un momento sentí maullidos que todavía no sé de dónde provenían. Era de película. Extasiado como estaba casi ni me di cuenta cuando llegamos al parque. Nos metimos por atrás y, obviamente, fuimos directo a la parte de los dinosaurios. El hecho de estar en ese estado y rodeado de dinosaurios se me hacía muy bizarro, y no podía parar de reírme. A su vez, apreciaba mucho las formas de los dinosaurios, y trataba de imaginármelos vivos y caminando por el planeta como era hace millones de años. Después vimos unas hamacas, y nos comenzamos a hamacar. La situación cada vez era más placentera y despertaba en mí una alegría infinita. Estaba en un estado alterado de consciencia, hamacándome entre dinosaurios y rodeado de mis amigos. ¿Cómo no sentirme así? La liviandad que experimentaba en la hamaca era increíble, y por momentos realmente sentía que volaba. Luego volvimos al campo y nos pusimos a correr por el pasto como niños. Realmente fue como volver a ser un niño: las risas, la libertad, jugar sin que nada más importe. Así lo sentí y así lo recuerdo. Después de un rato nos cansamos y volvimos a la quinta, atravesando la iglesia por el otro lado, para lo cual tuvimos que subir la escalera más torcida y que más se movía en mi vida. Cuando finalmente llegamos de nuevo a la quinta, sentí que había sido un verdadero viaje dentro del viaje, algo totalmente gratificante que me había conectado con el mundo exterior de un modo que nunca antes había experimentado, y que me había permitido volver a vivir mi infancia.

    Nos sentamos en la calle a comer bizcochos y tomar jugo. Cada bocado y cada trago era un mar de sensaciones placenteras. Charlamos mucho, pero lamentablemente no me acuerdo mucho de qué, aunque obviamente en el momento me pareció una charla muy interesante y graciosa. Hacia el otro lado del que habíamos ido para ir al parque había una especie de camino, y muy a lo lejos se escuchaba cumbia. Cada tanto venía alguna persona en moto, todos muy humildes y “villeros”, por así decirlo. Esto hizo que me colgara un poco, y me puse a pensar en la desigualdad y en la injusticia del sistema en el que vivimos, y me puse mucho más introspectivo y serio, aunque de todos modos no duró mucho, porque una amiga le pidió prestado un monociclo a un tipo que estaba ahí en la quinta y se puso a andar en él, ante lo cual nos reímos mucho ya que obviamente se caía todo el tiempo.

    Después de eso comencé a mirar un árbol y cuanto más lo miraba sus hojas se ponían cada vez más blancas. Me concentré totalmente en él, logré recortarlo del resto del paisaje y sentí que cada vez lo veía con más nitidez, y de algún modo llegaba a lo más profundo de él. Tan intenso fue mi esfuerzo que me abstraje por completo del mundo exterior y logré comunicarme con él. Sentí que me hablaba, que me hacía saber que era un ser vivo más, que el hecho de no moverse y su vejez le daban una gran experiencia y sabiduría, y me sentí muy conectado con él, y feliz de compartir el mundo con tantas criaturas tan distintas. Lamentablemente, en ese momento llegó una amiga con otras dos amigas suyas que me quitaron de esa experiencia. En realidad mi amiga no, pero las otras dos chicas apenas llegaron empezaron a criticar el lugar, diciendo que ellas pensaban que iban a una fiesta y no a un lugar lleno de hippies sucios tirados en el pasto. Lo peor es que estuvieron un largo rato expresando sus ganas de irse del lugar, y no se iban. Ninguno de nosotros dijo nada, pero todos nos entendíamos mutuamente y deseábamos alejarnos de ellas. Finalmente uno de mis amigos dijo que se iba a mear, y todos aprovechamos para seguirlo. Yo fui a mear un poco más lejos, y me caí en pozo por lo que me mojé un poco, lo cual me dio mucha risa.

    Cuando volvimos las otras chicas ya no estaban (tal vez se habían dado cuenta de que nos habíamos alejado por ellas), y entramos de nuevo a la quinta porque estaban proyectando unas visuales con música new age de fondo y un fogón. Nos quedamos observando las visuales mucho tiempo, y flasheamos muchísimo con cada una de ellas. Cuando quisimos irnos, salimos de nuevo a la calle y nos dimos cuenta de que ya no había nada que hacer, y la amiga mía que había traído a las otras dos nos llamó y nos dijo que estaban en la casa de una de ellas y nos invitó. No estábamos muy seguros, pero aun así dijimos que sí. Nos comenzaron a dar las indicaciones para llegar al lugar, pero en ese estado se nos hacía difícil entenderlas. Por suerte, al toque otro amigo (que no estaba con nosotros) nos dijo que él también iba a ir, y se ofreció a buscarnos en su auto y llevarnos, así que nos quedamos esperándolo. Mientras lo esperábamos, vinieron otras personas a hacer malabares con fuego, lo cual fue muy hermoso. Lo que más disfrutaba no era el fuego, sino el ruido que se producía cuando movían las clavas, un viento totalmente alucinante.

    Estuvimos así un rato hasta que llegó el dueño del auto a buscarnos. Apenas nos subimos nos dimos cuenta de cómo estábamos cambiando radicalmente de contexto, y nos reímos de eso. Nuestro amigo estaba con una alemana que estaba de intercambio aquí en Argentina, y no dominaba muy bien el idioma, así que nos pusimos a hablar con ella. Me empezó a parecer que todo en la noche había sido muy bizarro, y luego estuve un tiempo pensando en lo raro que era el hecho de que existan diferentes idiomas y que ésta nimiedad impida comunicarnos con gran parte de los habitantes del mundo.

    Cuando llegamos a la casa fuimos al patio y nos pusimos a fumar marihuana, y el resto de la noche transcurrió charlando y fumando mientras nos bajaba el cartón. Al amanecer, cuando ya estábamos definitivamente sobrios, fuimos a tomar el colectivo para volver a casa. Lo último de mi noche fue la caminata desde que me bajé del cole hasta mi casa, en la cual escuché música mientras observaba la calle vacía, sentía el fresco viento matutino y reflexionaba sobre cuán hermoso había sido todo. Llegué y me dormí, puramente feliz y pleno.
    "Porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un '¡Ahhh!'"

  2. #2
    Señor Miembro Avatar de jorjos Conocido
    Ubicación
    Buenos Aires
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    180
    Bienvenido!, que buena forma que elegiste para presentarte jaja, me encanto la experiencia y como quedo redactada. Me imagino lo hermoso que debe haber sido probar LSD en un lugar como en el que probaron ustedes.

  3. #3
    Usuario Nuevo Avatar de starostaelidiota
    Ubicación
    Santa Fe, Argentina
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    44
    ¡Qué linda experiencia la que compartimos! Esa fiesta fue mágica. Me acuerdo cómo miraba a las flores de unos árboles, que bailaban y me abrazaban, mientras escuchábamos El diluvio y la pasajera. También me acuerdo cuando nos empezó a pegar, que nos reíamos de la conversación sin hilo conductor que teníamos.

  4. #4
    Miembro Oficial
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    el carril salta
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    60
    hermoso viaje! hermosa sustancia!!! ojala algun dia pruebe lsd. Que lindo ambiente en el que tomaron lo mejor. A mi me falta probar en una psy como a la que fuiste debe ser lo mas magico. buenas vibras

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