Tema: Aforismos, frases, cuentos cortos, citas, extractos...

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  1. #1
    Un Viejo Conocido Avatar de Yyy
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    Aforismos, frases, cuentos cortos, citas, extractos...

    ... que te gustan, que te inspiran, que te dejan pensando, etc


    Saber cuando uno dispone de lo suficiente es ser rico. - Lao Tse
    El que sabe no habla, el que habla no sabe. - Lao Tse
    Cuando dejo de ser lo que soy, me convierto en lo que podría ser. - Lao Tse
    Contentándote con poco, lograrás mucho. Persiguiendo mucho, te desviarás del camino. La persona sabia atiende este precepto. ¡Y sería bueno que este precepto también persuada al mundo entero! La persona sabia cree no sólo en lo que ve con sus ojos físicos y, por lo tanto, ve claro. Ella no se considera como la única que tiene la
    razón y, por lo tanto, sabe la verdad. Ella no tiene sed de honor, pero las personas le honran. No busca ser una autoridad, pero las personas le siguen. No lucha contra nadie y, por lo tanto, es invencible. No siente la autocompasión y, por lo tanto, puede perfeccionarse con éxito. Sólo aquel que no procura estar delante de todos
    puede vivir en armonía con todos. La persona sabia se ocupa de todos y, por lo tanto, se vuelve un ejemplo para todos. Es luminosa, pero no busca brillar. No se alaba, pero aun así le respetan. No se enaltece y, por lo tanto, siempre le tienen en mucha estima. En tiempos muy remotos, decían que lo imperfecto se mueve hacia la Perfección. ¿Acaso son palabras vanas? ¡No! ¡En verdad, alcanzando la Unidad, llegarás a la Perfección! - Tao Te King
    Y casi en conraparte

    Dad una máscara al hombre y os dirá la verdad. - Oscar Wilde
    Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho. - Oscar Wilde
    El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia - Oscar Wilde
    Ningún artista es nunca morboso. El artista puede expresarlo todo - Oscar Wilde
    Bueno, puse algunos asi nomas. Tengo otros mas preferidos y queridos, pero era para darles una entrada. A ver si se copan con algunos

  2. #2
    Un Viejo Conocido Avatar de Morfeo Conocido
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    Una de mis favoritas que recuerde ahora es esta:

    "Si tiene solución, ¿por qué lloras? Si no tiene solución, ¿por qué lloras?." - Buda o el Dalai lama, no recuerdo

    Despues si me acuerdo alguna mas la posteo
    "Bon Voyage"

  3. #3
    Un Viejo Conocido Avatar de v.js
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    Cita Iniciado por Morfeo Ver mensaje
    Una de mis favoritas que recuerde ahora es esta:

    "Si tiene solución, ¿por qué lloras? Si no tiene solución, ¿por qué lloras?." - Buda o el Dalai lama, no recuerdo

    Despues si me acuerdo alguna mas la posteo
    Me gustó mucho. Las de Wilde también son altas frases.

    No tengo frases preferidas : (
    El Exceso y/o Abuso de Drogas y Alcohol es Perjudicial Para tu Salúd... ¡Cuidate, Nadie Lo Hará Por Vos!

  4. #4
    Un Viejo Conocido Avatar de Morfeo Conocido
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    Cita Iniciado por Vellaa Ver mensaje
    Me gustó mucho. Las de Wilde también son altas frases.

    No tengo frases preferidas : (
    Si, es un genio, me acuerdo que antes me sabia un monton de Wilde pero me las olvide mal.
    Creo que habia una que decia "Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego", esa si no se de quien era pero me acuerdo que me la queria tatuar una vez. Fue una frase que tube muy presente cuando empece a querer descubrirme a mi mismo y a consumir sustancias.
    "Bon Voyage"

  5. #5
    Un Viejo Conocido Avatar de Legaliso Conocido
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    "Si no puedes soportar la realidad, por lo menos debes intentar montarte un sueño decente" I. Solari

  6. #6
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    Pongo un par de Hesse, porque van más acorde a la temática, el tipo es un genio, todas las citas son de "Lobo Estepario" :

    Harry encuentra en sí un hombre lleno de ideas, de sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra al lado al lobo, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada, fiera, caótica.
    Eres demasiado exigente y hambriento, el mundo te rechaza, tienes para él una dimensión de más.
    Ha comprendido la desesperanza de la vida humana: la grandiosidad del momento y su miserable marchitarse.
    Dios significa ensanchar tanto el alma que pueda volver a abarcar todo.

  7. #7
    Un Viejo Conocido Avatar de v.js
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    No soy de frases, pero siempre me llamó la atención éste tipo, y por lógica, sus frases son bastante buenas.

    Albert Einstein

    Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.
    Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.

    Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres.
    La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.
    El Exceso y/o Abuso de Drogas y Alcohol es Perjudicial Para tu Salúd... ¡Cuidate, Nadie Lo Hará Por Vos!

  8. #8
    Señor Miembro Avatar de AgustinG95 Conocido
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    Me diste la idea de leer el tao te ching, parece interesante..
    Algunas frases que puedo aportar de autores diferentes:

    "Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad" Sartre
    "El infierno son los otros" Sartre
    "La vida tiene un sentido si uno quiere dárselo" Sartre
    "¡Ay, los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito." Baudelaire
    "Donde no hay amor, tampoco hay razón" Dostoyevski
    y una parecida de Nietzsche
    "En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón."
    "Tener exceso de conciencia es una enfermedad, real y completa." Dostoyevski
    ""¿Acaso un hombre que tenga conciencia puede respetarse a sí mismo?" Dostoyevski
    "¿Qué es preferible: una felicidad vulgar o un sufrimiento elevado?" Dostoyevski
    Última edición por AgustinG95; 27/02/2014 a las 01:49

  9. #9
    Señor Miembro Avatar de AgustinG95 Conocido
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    Leí este cuento hace poco, a mi me gusto mucho, es de Borges.

    La escritura de Dios

    La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto,, y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.
    He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas, y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo.

    La víspera del incendio de la pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios; pero éste no me abandonó y me mantuvo silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron, y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal.

    Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui revelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después empecé a avistar el recuerdo: era una de las tradiciones del dios. Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué caracteres; pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido. Consideré que estábamos, como siempre, en el fin de los tiempos y que mi destino de último sacerdote del dios me daría acceso al privilegio de intuir esa escritura. El hecho de que me rodeara una cárcel no me vedaba esa esperanza; acaso yo había visto miles de veces la inscripción de Qaholom y sólo me faltaba entenderla.

    Esta reflexión me animó, y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios.

    Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor.

    Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos.

    No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel testo. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.

    Un día o una noche -entre mis días y mis noches ¿qué diferencia cabe?- soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárdel, y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando: con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil: la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: "No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable, y morirás antes de haber despertado realmente."

    Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: "Ni una arena soñada puede matarme, ni hay sueños que estén dentro de sueños." Un resplandor me despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las manos del carcelero, la roldana, el cordel, la carne y los cántaros.

    Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansablee laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra.

    Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escriturad del tigre.

    Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.

    Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora, es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad.

  10. #10
    Un Viejo Conocido Avatar de Invisible
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    "…Sólo un dios puede aún salvarnos. La única posibilidad de salvación la veo en que preparemos, con el pensamiento y la poesía, una disposición para la aparición del dios o para su ausencia en el ocaso; dicho toscamente, que no «estiremos la pata», sino que, si desaparecemos, que desaparezcamos ante el rostro del dios ausente". Martin Heidegger.

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